Un vistazo al presente de los vehículos autónomos

Una definición sobre lo que significa que un vehículo sea autónomo nos dice que debe ser capaz de “medir su entorno y navegar sin indicaciones humanas”. Hoy en día, no es extraño pensar en este tipo de vehículos ya que comúnmente se comercializan, al menos en cierta medida, con esta capacidad. Según un reporte de Business Insider, se estima que para el año 2020, habrá al menos 10 millones de vehículos autónomos en las rutas y calles de todo el mundo.

Esta tecnología no es simplemente una forma más cómoda y segura de moverse, sino que también promete revolucionar el concepto de transporte urbano tal y como lo conocemos. Empresas como Uber y Waymo (del grupo Alphabet), están en carrera de liderar el mercado apuntando a poner vehículos autónomos a disposición de los usuarios, en una nueva forma de carpooling más privada y segura, transformando el costo fijo que hoy supone poseer un auto en un costo variable, con todo lo que ello implica.

Si bien la tecnología necesaria para este tipo de vehículos está en desarrollo desde hace mucho tiempo, fue sólo en los últimos años que se ha desarrollado al punto de permitir la producción en serie de estos vehículos. Mientras que Google ha estado desarrollando la tecnología para automóviles sin chofer durante más de una década, General Motors, Ford, Apple, Tesla, Volkswagen, BMW y Mercedes-Benz son algunas de las marcas que se sumaron recientemente a competir en este nuevo mercado que tal y como sugiere el estudio “Autonomous Vehicle Adoption Study” del Boston Consulting Group, podría superar los 77.000 millones de dólares para 2035.

Uno de los principales hitos de los últimos tiempos en este tema es la prevalencia del enfoque basado en machine learning que intenta imitar el comportamiento humano a través de cámaras, por sobre el enfoque basado en robótica, que utiliza complejos sensores láser y cuantiosos datos de ruta y navegación. Este enfoque en particular ha simplificado los esfuerzos y reducido las barreras de entrada para la tecnología en las calles actuales.

Por ejemplo, todos los vehículos Tesla producidos en la actualidad poseen el hardware necesario para un funcionamiento completamente autónomo con altos niveles de seguridad (SAE nivel 5) y el software operando en modo pasivo, recolectando datos, lo que lleva el concepto más allá de la función Autopilot.

También, en estos últimos años, se ha podido observar cómo muchos de los vehículos capaces de navegar por sí mismos han llegado al mercado. Cabe sólo recordar el mencionado caso de los vehículos Tesla, las primeras pruebas piloto de los vehículos autónomos de Uber en Pittsburgh, o la iniciativa para el desarrollo de un vehículo autónomo de código abierto por parte de Udacity.

Un mundo con automóviles sin necesidad de un conductor no está lejos de hacerse realidad. Pero para llegar a eso aún hace falta incursionar en otros factores que van más allá de la tecnología que pone en movimiento a estos vehículos, por ejemplo, las regulaciones, seguridad vial, infraestructura, masividad o costos de transporte, entre otros aspectos.

Juan Salas
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